42,195 pasos sobre el Maratón de Chicago


Un día por alguna poderosa razón Fernanda comenzó a correr, para ella ese momento se convirtió en el día cero. Cero conocimientos que acompañó de unos viejos tenis, una gruesa playera de algodón y un pésimo short.

Primero un precario calentamiento y dos minutos después sus piernas se empezaron a mover… con pronto paso, mirada al frente y brazos relajados, unos cuantos minutos pasaron y su respiración comenzó a flaquear, sus piernas estuvieron a punto de reventar, y de repente… Fernanda detuvo su marcha.

-Tan sólo después de haber corrido poco menos de 3 kilómetros-

Se sentó en una banqueta para recuperar el aire, pero sobre todo para que pasara el dolor de su pierna derecha, aquellos casi 3 kilómetros le enseñarían a Fernanda que correr es más complejo de lo que uno cree, casi derrotada, Fernanda cerró sus ojos, pensó que quizá esto no sería para ella, que quizá nunca podría correr más allá del kilómetro 3.

Un par de lágrimas corrieron por su rostro, pero se dijo así misma; -es momento de guardar la calma- tomó aire, abrió sus ojos y en un instante se dio cuenta de su hermosa realidad; miró a uno, a dos, a cientos de corredores pasar, esa realidad rápidamente le ordenó volver, porque había un major por correr.

-Uno que lleva por nombre el Maratón de Chicago-

la salida maratón de chicago

Sí… Fernanda una vez más tuvo que detenerse y sentarse tal y como lo hizo aquella primera vez que comenzó a correr, pero ahora estaba sentada en la banqueta de la milla 10 marcada en Sedgwick Street, justo en esa milla, el dolor se volvió a apoderar de ésa su ya tan latosa pierna derecha.

Su cabeza le aconsejó abandonar la competencia, pero aquella breve lucha contra el dolor la hizo viajar al pasado, tan sólo para recordarle cómo había comenzado en este deporte, pero sobre todo; le recordó el esfuerzo económico, físico y mental que había dejado atrás para correr ese major.

Con espíritu inquebrantable y un inmenso maratón por delante, Fernanda elevó una plegaría al cielo, ajustó su equipo, se levantó y sin pensarlo más tomó una valiente y arriesgada decisión:

-Terminar como sea ese su primer maratón-

Rápidamente se incorporó a ese mar de corredores, pero el dolor siguió abrasándose a su pierna derecha, había entonces que derrotarlo de una forma más contundente, y la única manera que ella había aprendido tras correr decenas de carreras, era:

-Administrándose un poderoso analgésico-

No se trataba de una pastilla, sino de revivir un Emotivo Recuerdo, uno que le ayudaría a distraer su mente, ese primer analgésico le recordó su encuentro con la impresionante expo, tremendo monstruo que la saludó al entrar con un WELCOME RUNNERS, ese recuerdo irrigó sangre extra por sus venas, que se acentuó aún más al recordar las playeras de diversos países; Chile, Costa Rica, Argentina, Italia, India, Japón, Croacia, etc. Y claro las de su amado país, todos esos locos de más de 120 países que tenían tatuado en la mente al igual que ella tan sólo un 42.

Los kilómetros se fueron acumulando y el dolor de nuevo se asomó, así que era hora de una nueva dosis; -otro recuerdo- cuando escuchó un día antes del maratón en aquel tan visitado “Frijol” el -¡México, México, México!- era un grito proveniente de cientos de compatriotas corredores que ondeaban su bandera con honor, cantando el Cielito Lindo, abrazados como hermanos, ese recuerdo dentro de un maratón lejos de su nación, fue una especie de bendición que mitigó una vez más su dolor.

Fernanda había recuperado el tiempo perdido en la milla 10, pero kilómetros adelante el maldito dolor volvió a aparecer, era hora de administrarse la dosis más potente de analgésico, pero ése no lo traía en su mente, sino que lo tenía los casi 1.7 millones de asistentes que se dieron cita a lo largo de la ruta, con gritos eufóricos que la ensordecieron, en español, inglés, francés, el idioma que fuera todos sonaban a un; –¡Hermosa no te detengas!- la bandera de México impresa en su playera, provocó la mejor excusa para que se conectaran con ella los miles de mexicanos que estaban apostados detrás de las vallas, escuchar el; -¡Vamos, Vamos México, vamos Mexicana!- simplemente la conmovieron hasta las lágrimas.

kilometros de apoyo

Cada impacto sobre el asfalto fue mermando las fuerzas de Fernanda, los colosos de cemento y acero de Jackson Boulevard lo pudieron atestiguar, pero más adelante al encontrase con los sonidos estrepitosos de tambores dentro del China Town, fueron otro oportuno analgésico que inyectó a su corazón de una infinita emoción.

Se acercaba la meta, el aire llevó hasta sus oídos el tan ansiado; -Almost there, almost there- eso hizo que Fernanda se administrara sus últimos analgésicos y quizá los más profundos y bellos; todas esas lindas carreras que habían pasado por sus piernas, los besos de su gran amor, los abrazos de mamá y las sonrisas de papá.

-Eso y más la habían llevado una vez más hasta el final-

Ese final llegó en Millenium Park, Fernanda ahí encontró a cientos de corredores, llenos de lágrimas que se confundían con su sudor, casi muertos, pero inmensamente felices, todos tenían ya algo en común con ella; -habían conquistado esa tremenda meta, aquella que une a 29 barrios de Chicago- y así… con orgullo y emoción Fernanda miró su pecho donde ya colgaba una hermosa medalla, una que le decía a todo pulmón:

-Felicidades eres una gran guerrera, una que años atrás arrancó y casi con 3 kilómetros claudicó, ahora eres una corredora que ya dejó 42,195 pasos sobre el Maratón de Chicago-

medalla maratón de chicago

La historia de Fernanda como la de cualquier corredor nunca termina, su siguiente meta será el maratón de Boston, porque Chicago no sólo le regaló su primer maratón, sino también su tan anhelada calificación.

Por leerme… mil kilómetros de gracias

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