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Absurda obsesión (María y sus Tenis Rotos, Capítulo XVIII)


María y sus tenis rotos, novela de running con toques de ficción pero que nace de la realidad, después de saberse enferma su vida cambia y ahora tiene que correr para alcanzar la vida de los demás, pero irónicamente la suya se le va.


Final Capítulo XVII – María había sido visitada una vez más por la misteriosa mujer de encanto blanco, después de marcharse; María encontró entre las sabanas de su cama un pequeño papel, en él se señalaba lo que ella tenía que hacer, algo que sin duda la acercaba cada vez más a su final.

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Capítulo XVII: Un paso más


María se miraba impaciente, quería leer el mensaje de aquel pequeño papel, pero no lo podía hacer frente a los presentes, sabía perfectamente que cualquier cosa que hubiera escrita ahí, provocaría sus lágrimas y eso preocuparía a todos.

Después de unos minutos, el Dr. Delgadillo pidió a los presentes abandonar la habitación de María, ella necesitaba descansar. Inmediatamente después de que la última persona cerró la puerta, María tomó el papel, desesperada lo desdobló y fue entonces que pudo leer lo siguiente:

Hola amiga:

Tienes que marcar al celular de Doña Sara, la esposa de Don Esteban, el conserje de tu departamento, él necesita que corras una vez más. Justo después de colgar con ella, tendrás que arrancar, lleva contigo tu celular, por ese medio te indicaré cuando tengas que detenerte.

Con cariño la dueña de tu vida.

María se llenó de miedo, de impotencia, pero sobre todo de incertidumbre, qué le había sucedido a Don Esteban, para ella era un ser humano que se había convertido en una especie de padre.

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Con las pocas fuerzas que le quedaban saltó de la cama, un repentino mareo y un intenso dolor en el pecho la aquejaron, pero no podía detenerse, había que buscar su celular. Arrastrando el tripie que sostenía su suero, María comenzó a buscar dentro de los cajones, uno, dos, en tres de estos, pero el dispositivo no estaba por ninguna parte, entonces se dirigió a un pequeño mueble donde estaba el televisor, pero tampoco estaba ahí.

El tiempo era crucial, ella sabía que el dichoso dispositivo debía estar en algún sitio, sólo quedaba buscar entre las sabanas, y de repente… lo encontró debajo de su almohada.

La llamada a Doña Sara no podía esperar. El celular sonó y después de unos segundos del otro lado de la línea se dejó escuchar una voz entrecortada.

-Hola-

-Doña Sara, soy María la inquilina del departamento número 9-

-Disculpe que le marque, hablo para saludarla y saber si todo está bien-

De repente Doña Sara enmudeció, tras esto; María presintió lo peor. Doña Sara retomó la conversación para decirle a María:

-Quisiera decirte que todo está bien María pero no es así, ante noche unos tipos se metieron al edificio, al parecer a robar en algún departamento, Esteban se percató, fue a ver que sucedía y se encontró con ellos en el estacionamiento, lo golpearon, se defendió, pero uno de ellos le disparó, está muy grave, no sé qué hacer-

María con absoluta seguridad le dijo a Doña Sara:

-No se preocupe todo estará bien, estoy con usted y oraré para que todo salga bien-

Aunque difícil de asimilar, esas breves palabras habían reconfortado por unos instantes a Doña Sara.

Después de preguntar acerca del lugar donde se encontraba hospitalizado Don Esteban, ambas se despidieron y colgaron.

Rápidamente María buscó debajo de su cama sus queridos Tenis Rotos, después de la extirpación de su tumor cancerígeno y su seno izquierdo, escaparse del hospital para echarse a correr sin rumbo fijo, sonaba a un auténtico suicidio.

Con impaciencia desprendió de su mano la aguja del suero, revisó su maleta, tomó lo primero que encontró en ella y de esta forma; María estaba lista para salir, pero de repente el Dr. Delgadillo volvió a entrar a la habitación, sorprendido por verla de pie y vestida con su ropa común, pero sobre todo calzando sus Tenis Rotos, la cuestionó…

-¿Qué haces María? Supongo que vas al baño, al lobby, si es así; no sé por qué te quitaste la bata-

María lo miró y le suplicó…

-Por favor doctor, necesito correr, no me detenga-

-¡María estás loca! hace unas cuantas horas te extirpé un tumor y ahora simplemente porque se te ocurrió ya te vas a correr, nunca te lo he dicho así tan claro, pero siempre he pensado que eso de correr en ti ya es una absurda obsesión, pero afortunadamente en este hospital estás bajo mi supervisión.

María volvió a insistirle…

-¡Por favor doctor! se lo ruego es de vida o muerte esto ¡Permítame salir!-

-¡Claro que es de vida o muerte María! y se trata de la tuya-

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El Dr. Delgadillo tenía que hacer frente a la situación, cogió el teléfono para solicitar un sedante, rápidamente llegó a la habitación una enfermera, María entró en desesperación, no permitía que nadie se le acercara y muchos menos que le suministrara el sedante, afuera de la habitación, su familia no sabía que estaba sucediendo, sólo escuchaban los gritos de María, pero todas las suplicas no tuvieron ningún efecto en el cuerpo médico, después de unos minutos de resistirse; la mirada de María se apagó.

¿Sería entonces que las circunstancias en esta ocasión no le permitirían salvar la vida de alguien más? La vida de Don Esteban, o a pesar de eso… ¿Él estaría mejor?

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La muerte también corre – (María y sus Tenis Rotos Capítulo XIX)





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