Así se ve el mundo cuando corro…


Arranca el año y las zapatillas para correr se muestran ansiosas por moverse una y otra vez, es como si nos gritaran desde el armario, sin duda tenemos una vida más allá de las corridas y muchas opciones más para recibir el año, pero cuando este deporte ya está tatuado hasta por debajo de la piel, correr el primer día del año es lo que mejor podemos hacer, porque mientras lo hacemos, miramos constantemente hacia el cielo y le damos un largo repaso a Dios por todo lo que nos permitió lograr, pero sobre todo; ponemos de nuevo la mente, piernas y corazón sobre su infinita voluntad para que este año nos permita vivirlo con la misma o más intensidad; así se ve el mundo cuando corro…

Con gratitud.

En ese momento se refrendan nuestros votos de corredor, pensando que quizá éste será nuestro año, uno donde ahora sí romperemos ese record personal o mejor aún lo refrendaremos, así somos, unos locos, el ir siempre hacia delante sobre un camino a veces acompañado y muchas veces solos, nos hace desarrollar los más profundos pensamientos para pensar que todo se puede lograr; así se ve el mundo cuando corro…

Con esperanza.

Los kilómetros van abrazándose a nuestras piernas, nuestros locos pensamientos producto de la soledad, el frio, el calor o las preguntas sin razón, nos hacen considerar la opción de tomar un taxi, de subirnos al primer autobús o simplemente abandonar, pero al final son más poderosas nuestras razones para llegar hasta el final; así se ve el mundo cuando corro…

Con determinación.

Los enojos, los odios, las tristezas o los absurdos problemas corren también a nuestro lado, pero nuestra mente envuelta en un torrente de endorfinas, acaban dejándolos atrás, y no es que escapemos de ellos, sino que les encontramos una solución o incluso nos damos cuenta que simplemente les dimos una gran dimensión; así se ve el mundo cuando corro…

Con optimismo.

Esa primera corrida es determinante para planear mentalmente todo lo que queremos alcanzar; participar en más carreras populares, viajar más o por primera vez fuera de nuestro país: N.Y marathon, Chicago o Berlín marathon, pueden ser algunos de los maratones que al imaginarlos nos van dibujando mil sonrisas en nuestro corazón, pero no sólo estamos llenos de pensamientos concernientes a kilómetros, también nos decimos a nosotros mismos lo que hay que alcanzar en lo personal, familiar, laboral y hasta espiritual, nuestra mente se abre a tal grado, que hasta llegamos a desarrollar los mejores negocios, justo ahí es cuando nos damos cuenta que los sueños más intensos no sólo se viven durmiendo, sino también corriendo; así se ve el mundo cuando corro…

Con convencimiento.

Se acerca la cuesta más pronunciada, nuestros miedos vuelven y le recuerdan a nuestra mente nuestras lesiones, las veces que nos ganó la pereza y nos quedamos en cama, los días que comimos con gula total o simplemente no fuimos a entrenar, pero cuando la cuesta se acaba y nuestro cuerpo se sitúa en la cima, también nos damos cuenta que somos seres humanos, que a paso lento o veloz, con algunos kilos o sin el mejor equipo, a pesar de todo, muchas veces lo hemos logrado; así se ve el mundo cuando corro…

Con seguridad.

Justo al salir de la cuesta nos alcanza otro corredor, nos saluda, nos da los buenos días con tanta alegría, que no necesitamos saber si es Pedro, Juan o José, con sólo saber que lleva puesto un par de zapatillas para correr, sabemos que pertenece al mismo clan, tampoco importa que él o nosotros le llamemos a esto; running, correr, run run o peor aún “runnin” vamos más allá y sabemos que nos unen miles de cosas más; así se ve el mundo cuando corro…

Con hermandad.

Es así como se ve el mundo, tú corredora, tú corredor, estarás de acuerdo que el mundo se ve de otro color, el cielo pasa de ser el negro de la madrugada, al radiante azul que abraza la montaña, cuando se ve el mundo a través de los ojos de un corredor; la felicidad se multiplica a cada paso, los lugares parecen tan cercanos y el mundo se hace tan pequeño, -tan alcanzable- el calendario ya no sólo marca los días sino también la fecha en que llegarán nuestros retos y alegrías.

Cuando se ve el mundo a través de los ojos de un corredor, lloramos por todo y por nada, portamos con orgullo nuestras playeras aun y que no estemos en las carreras, los sonidos se agudizan y si son de un ¡Vamos! aquello se trasforma en bellas piezas musicales, y a pesar de que los problemas existan, de que las cosas no resulten, de que existen cosas tristes que inundan nuestras vidas, al correr simplemente el mundo…

Se ve mejor ¿O no?-

Deseo que tengas el mejor año de toda tu vida, de corazón… tu amigo corredor.

Firma Korridori

-Por leerme… mil kilómetros de gracias-

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