Caminos que se encuentran (María y sus Tenis Rotos, Capítulo XXI)


María y sus tenis rotos, novela de running con toques de ficción pero que nace de la realidad, después de saberse enferma su vida cambia y ahora tiene que correr para alcanzar la vida de los demás, pero irónicamente la suya se le va.


Final Capítulo XX – El reloj marcaría las tres de la tarde, justo en ese momento, María tendría que escapar del hospital donde se encontraba con la única finalidad de correr y no parar.

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Capítulo XX: Correr justo a las tres


Ocho minutos antes de las tres, María sigilosamente abrió la puerta de su habitación, primero dio un vistazo al pasillo, después cubrió gran parte de su cabeza con el gorro de su sudadera, había que pasar desapercibida, primer paso fuera de su habitación, era el momento indicado nadie estaba cerca.

Los nervios eran inmensos, si alguien la descubría escapando no sólo significaba arriesgar su salud, sino también la reputación del hospital e incluso el trabajo de alguien más, pero María sabía que lo tenía que hacer, así que se dirigió hasta el ascensor, las puertas parecería que tardaron en abrir más de lo normal, hasta que al fin se abrieron, adentro estaba una de las enfermeras que solía cuidar a María, había que mantener la calma, la enfermera le dijo un cálido buenas tardes, María contestó con voz entrecortada, piso cinco, cuatro, aquello se hacía interminable.

Finalmente el ascensor se detuvo en la recepción, las puertas se abrieron, sin despedirse de la enfermera, María salió rápidamente, se dirigió a la entrada del hospital, el aire de aquella fresca tarde fue una especie de caricia en el rostro de María.

MUJER CORREDORA

Ese breve viaje de emociones fue interrumpido con un repicar, luego un segundo, eran las campanas de la iglesia cercana, las cuales anunciaban la hora; -3:00PM era hora de arrancar- un primer paso, uno muy lento y con muchas dudas, sus fuerzas estaban diezmadas, inmediatamente la herida en su pecho le recordó que todo aquello era una locura, un ligero dolor, pero aun así siguió, ver a María corriendo, era ver a una mujer admirable y a la vez una muy irresponsable.

Unos cuantos metros bastaron para que la sonrisa de María volviera a su rostro, era sin duda la magia que encierra el delicado y bello arte de correr, transformarse en una mejor persona, pero irónicamente sigues siendo la misma.

María siguió corriendo y mientras lo iba haciendo, el verde de los árboles se miraba aún más intenso, el trinar de los pájaros era una autentica nota musical en sus oídos, todo aquello representaba sin duda las ganas de vivir, de luchar contra ese terrible cáncer, ésta no era una carrera más en su vida, de nueva cuenta; significaría la vida para alguien más sin importar para quién fuera.

María aceleró su paso, cada vez más y más rápido, sobre la banqueta, sobre la calle, esquivando personas, negocios ambulantes, saltando, emocionándose al máximo, el sudor corriendo por su rostro, sus piernas sintiendo ese placentero dolor producto del esfuerzo; más y más, y así fue como tomó una calle cuesta abajo, el cuerpo aún más acelerado, su mente desbocada, se acercaba una vuelta obligada, pero de repente…

-Un fuerte golpe la hizo tocar el suelo-

Se escucharon lamentos, quejas y hasta maldiciones, al dar la vuelta a la calle María se había estrellado con un hombre; -¿Estás loca?- fue lo que él le cuestionó, el hombre sangraba de su nariz, ahí estaba tirado en el suelo abrumado por el golpe y el dolor.

Para María no fue distinto, el golpe la había dejado aturdida, aun así se puso de pie, pero al instante un intenso dolor en su rodilla la llevó de nuevo al suelo, las personas comenzaron a acercarse para ayudarlos, María una vez más se puso de pie pero inmediatamente una mujer la detuvo; -Tiene que sentarse- María tajantemente le contestó un -¡No, tengo que seguir corriendo!- El hombre seguía tirado en el suelo quejándose por el golpe, fue entonces que María asustada se echó a correr y pasos adelante comenzó a desvanecerse hasta que finalmente volvió a tocar el suelo.

Tres horas después… María despertó sobre la cama del mismo hospital donde se encontraba antes, débil y aun mareada, puso un pie en el piso, justo en ese momento el Dr. Delgadillo entró a la habitación, había que ver su rostro de enojo para saber que un gran regaño se avecinaba.

-María, tu irresponsabilidad y obsesión por correr han sobrepasado los límites, despedirán a la enfermera que estaba a tu cargo, la junta directiva del hospital tomará una medida, sino quieres estar aquí, es mejor que solicites tu cambio-

El doctor siguió con su regaño hasta que llegó a un punto sumamente importante:

-El hombre que arrollaste mientras corrías, fue ingresado a este mismo hospital en el área de urgencias, le rompiste su nariz, lo que más me pesa, es que tu necedad se topó con un hombre ciego que lamentablemente no pudo hacer nada para esquivarte-

-¿Ciego?- preguntó María, así es; el hombre que arrollaste está completamente ciego-

Ahora María tenía una doble preocupación, la primera era acerca de la salud de aquel hombre y más aún, no llegó a ningún punto mientras corría, no consiguió nada; Entonces… ¿Muy pronto recibiría la noticia de que alguien cercano a ella habría muerto?

María y sus tenis rotos 2

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Sin mirar atrás (María y sus Tenis Rotos, Capítulo XXII)





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