Corredor perdedor


Desde aquel día que decidí calzarme un par de zapatos para correr; –he perdido una y otra vez– y lo he hecho en decenas de carreras y en cientos de entrenamientos, así que después de esto llegué a una conclusión:

Sin lugar a duda… Soy un Absoluto Perdedor

Desde mi infancia he sido así, por eso no es extraño pensar que el destino estaba trazado para que algún día me transformara en corredor e incluso desde que lo soy:

-Ser perdedor se acentuó-

Tú que me estás leyendo permíteme decirte que también lo eres al igual que yo; pero… ¡Espera! No salgas aún de esta publicación pensando que quizá estoy loco o que tengo poca educación, créeme que ser un corredor perdedor es lo mejor, ahora leerás el por qué:

Desde aquella primera corrida, empecé a perder mis oscuros pasados, esos que algún día empaqué en mi maleta; miedo, apatía, pereza etc. Todos cabían dentro de ella, incluso hasta perdí de mi boca la clásica y estúpida frase que me decía una y otra vez:

-¿Correr? Ay no, qué complicado se ve-

perder es ganar

No quiere decir que ahora soy más valiente, me siguen aterrando las mismas cosas, la diferencia es que antes daba por hecho que muchas de ellas no las podía hacer, y ahora que soy corredor me digo; -piensa que es una carrera, comenzar será arriesgado, el camino incierto, pero el final será espectacular, y sin más… me atrevo a intentarlo- no sólo en lo deportivo, sino en lo laboral, familiar, sentimental, etc. Porque si puedes llevar tu cuerpo sin parar a través de cinco, diez kilómetros, un maratón o hasta un ultra maratón, lo demás, no debe tener ninguna complejidad.

-Podría decir que corriendo transformas el No, por el ¿Por qué no?-

Perdí la maldita razón por la cual un día decidí arrancar, la perdí tantos y tantos kilómetros atrás, que ahora por delante hay cientos de razones más, razones tan hermosas, por las cuales no quiero parar.

Pero no sólo eso, seguro a ti también te sucedió que perdiste cientos de horas de placentero sueño, y no sólo entre semana, sino peor aún los sábados y todavía más imperdonable los domingos.

He perdido los finales de las bodas, fiestas o simples reuniones, ésas que se postergan hasta la madrugada, justo cuando todos los invitados van a casa yo ya voy hacia la montaña.

Perdedor soy un perdedor y lo digo hasta con orgullo, he perdido espacio dentro de mi armario para la ropa normal, que ahora es invadido por toda la ropa para correr.

¡Y claro! He perdido peso (y mucho) incluso he perdido la salud, al menos esto último es la etiqueta que me cuelgan aquellos que me dejan de ver por un largo tiempo; -¡Qué delgado te ves!- pero no; lo que no saben es que desde que corro, gozo de la mejor salud.

Todos los días pierdo… pierdo dinero, quizá sí, pero eso también piensan los demás, los que me ven pasar, los que están junto a mi escritorio, incluso algunos de mi familia, pero podría perderlo en alcohol, cigarro u otras cosas en las cuales me perdía aún más, así que cuando corro la pérdida se transforma:

-En una de las mejores inversiones que hago en mi persona-

Pierdo incluso tenis en el camino, y eso pasa porque son tantos los kilómetros recorridos, que las suelas pronto se desgastan, y bueno… simplemente me vuelvo a perder dentro de una tienda running  para que otro par pronto abrace mis pies.

Puedo decir que he perdido todas esas cosas insanas que suelo comer, sobre todo las pierdo de cara a una competencia, pero es tan hermoso este deporte, que siempre las vuelvo a comer después de correr, porque nunca se me olvida que antes que ser corredor soy una persona que sigue disfrutando de las mismas cosas.

corredor perdedor en todos lados

Acepto que he perdido a mi familia en varias ocasiones, esto es demandante, pero quizá lo que ellos no saben, es que cuando corro, todos están en mi mente, desde el más pequeño hasta el más viejo, imagino sus abrazos, sus sonrisas y en sí toda su alegría cuando me vean cruzando la meta, al ver que todo eso se hace realidad en una carrera, simplemente mi pérdida se transforma en el orgullo más grande que experimento como corredor.

Y por último, he perdido personas importantes en mi vida, pero lo más hermoso de correr, es que durante toda una carrera y más aún cuando cruzó la meta, miro al cielo y ahí están al ladito de Dios, todos sonriéndome, bendiciéndome, sintiéndose orgullosos una vez más, y justo ahí es cuando llego a pensar:

-Cuando perder es ganar-

-Cuando ser un corredor perdedor, es lo mejor que me pudo pasar-

-Por leerme… mil kilómetros de gracias-

-Compártele al mundo todo aquello que has perdido-

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