Correr… aun sin que lo pueda hacer (María y sus Tenis Rotos, Capítulo XI)


María y sus tenis rotos, novela de running con toques de ficción pero que nace de la realidad, después de saberse enferma su vida cambia y ahora tiene que correr para alcanzar la vida de los demás, pero irónicamente la suya se le va. 


Final Capítulo X – María recibió los pormenores de su próxima intervención quirúrgica para extirpar su tumor cancerígeno, y una vez más la misteriosa mujer de mirada profunda y de encanto blanco se le volvió a aparecer, tan sólo para decirle que tenía que prepararse para correr, después de que María sabía a ciencia cierta el estado real de su enfermedad, eso sonaba a una especie de cruel maldad.

anterior

Capítulo X: Correr es un doloroso placer.


-Por favor déjame en paz- fue la profunda súplica que María le hizo a aquella misteriosa mujer, pero ésta sólo le respondió:

-Te recuerdo que tú y yo tenemos un trato, uno que te permitió seguir con vida-

-¿Un trato? Uno que según tú hiciste cuando era tan sólo una niña de 9 años- Le respondió María.

-Deberías estar agradecida conmigo, en aquella ocasión tu destino era otro y yo te di la oportunidad de seguir viviendo-

-¿Vivir? Tan sólo el pasado 9 de julio recibí el diagnóstico de cáncer y en una semana perderé mi seno; ¿A esto le llamas vivir?-

una corredora desesperada

María no pudo contener su rabia que simplemente envolvió entre lágrimas, pero aun así sin clemencia la misteriosa mujer le dijo:

-En ocasiones la vida no es como queremos, un día tu destino cambió, y una vez más te lo repito; tu destino ahora es correr para alcanzar la vida de los demás, aunque tú y yo sabemos que cada que lo haces irónicamente tu vida se te irá-

-En este momento tu gran amiga de la infancia -Aurora- está esperándote en el estacionamiento de este hospital, pasarán unos días y recibirás una noticia acerca de ella, así que sólo espera una llamada y una carta que llegará por debajo de la puerta de tu departamento, ése que en la puerta lleva el número 9-

-¡Ah! Por cierto… quiero “sugerirte” algo, deberías inscribirte al medio maratón que se disputará este domingo, créeme que Aurora te lo agradecerá mucho-

María ya no podía más y con desesperación la cuestionó:

-¿Qué le sucederá a Aurora? ¡No puedes hacerle nada! no caeré una vez más en tu estúpido juego de correr hasta que ya no pueda más, de poner mi vida y mi enfermedad al límite tan sólo para salvar a alguien más; ¿Quién soy yo para hacerlo?-

La misteriosa mujer sólo le sonrió, parecía una cínica sonrisa y eso encolerizó más a María hasta el punto que repentinamente se desvaneció.

Pasaron unas horas y María despertó acostada sobre una cama dentro un cuarto del hospital donde se encontraba, ahí estaba el Dr. Delgadillo y Aurora, María rápidamente le preguntó a ella:

-¿Cuánto tiempo ha pasado? ¡Tengo que correr! ¿Estás bien?-

-Claro que lo estoy, debes calmarte, tuviste un ligero desvanecimiento, pero el Dr. Delgadillo dice que en un par de horas podré llevarte a casa, pero… ¿Correr? Estás loca eso ya suena a obsesión, estás a nada de tu operación-

Alterada María le insistió; -Aurora por favor tienes que cuidarte mucho en los próximos días, prométemelo-

-Claro no te preocupes no me va a pasar nada ya lo verás-

Las horas pasaron y María finalmente estaba en su departamento, preocupada por lo que le pudiera suceder a su amiga y por la carrera que aquella mujer le había “sugerido” correr.

piernas de corredora

María sabedora de que con sus piernas en movimiento tenía la posibilidad de cambiar el destino de alguien más, tal y como lo hizo con el hombre de la cafetería o incluso como lo hizo con su propia madre, ya no lo pensó más, tomó su computadora y en un instante estaba ya inscrita al medio maratón del próximo domingo, no sólo moría de incertidumbre de saber cómo tenía que correr esta vez, sino también el efecto negativo que le fuera a causar a su salud, estando a tan sólo unos días de entrar al quirófano para extraerle el tumor cancerígeno que se albergaba en su seno izquierdo.

El fin de semana se iba acercando hasta que llegó la mañana del sábado, María destinaba esas mañanas para hacer su distancia larga, pero en esta ocasión producto del cansancio que le estaba causando su enfermedad tuvo que dejarlo de lado.

Aun así abrió sus ojos muy temprano, quizá por la costumbre, 6:35 AM para ser exactos, se sentó al filo de su cama, tomó aire, y a pesar de todo agradeció por ese nuevo día, pero segundos después… su celular sonó… María lo tomó rápidamente, en el identificador decía; -Claudia celular- se trataba de la hermana menor de Aurora, el corazón de María comenzó a latir más rápido, se escuchó un hola por parte de María, del otro lado Claudia sumamente desesperada le dijo:

-María disculpa que te despierte a este hora, Aurora sufrió un accidente mientras manejaba su auto, tienes que venir por favor está muy grave-

María no lo podía creer, lo que le había dicho la misteriosa mujer días atrás, se había hecho realidad. María le brindó todo su apoyo e inmediatamente intercambiaron la última información, ahí estaba María vuelta loca dentro de su habitación preparándose para salir al encuentro con Aurora, y de repente… se escuchó un -dim dom- era el timbre de su departamento, María salió de su habitación y se dirigió a abrir la puerta, y justo debajo de ésta, se encontraba una pequeña carta, María la tomó, la comenzó a leer y al terminar…

-Simplemente quedó helada-

 María y sus tenis rotos 2

Suscríbete y recibe cada 15 días (viernes) vía e-mail un nuevo capítulo.

-Puedes compartirla en todas tus redes sociales-


siguiente

Capítulo XII – El último aliento.





Derechos de autor bajo la marca Korridori Merino.

Comenta vía tu cuenta Facebook

Comenta vía tu e-mail