capitulo 20

Correr justo a las tres (María y sus Tenis Rotos, Capítulo XX)


María y sus tenis rotos, novela de running con toques de ficción pero que nace de la realidad, después de saberse enferma su vida cambia y ahora tiene que correr para alcanzar la vida de los demás, pero irónicamente la suya se le va.


Final Capítulo XIX – María había obtenido el permiso del Dr. Delgadillo para asistir al funeral de Don Esteban, al estar ahí la misteriosa mujer de encanto blanco volvió a aparecer en su vida.

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Capítulo XIX: La muerte también corre


Tengo algo para ti; fue lo que la misteriosa mujer de encanto blanco le dijo a María, ella no lo podía creer, el momento, el lugar y la tristeza en su corazón,  tenían nublada cualquier situación que sucediera más allá de su interior.

-Cuando las campanas de la iglesia repiquen más tarde justo a las 3, tú tendrás que correr-

Después de esto la mujer se retiró dejando en María una enorme incertidumbre, sin duda el no hacerlo podría llevar a María a vivir una vez más la misma situación en la que se encontraba, ella sabía que ya nada ni nadie la detendrían en esta ocasión.

El cortejo finalizó, el ataúd de Don Esteban se fue desvaneciendo antes los ojos de todos los presentes, pero los buenos momentos, esos quedarían en la memoria de cada uno de ellos;  para María no sería la excepción, ella llevaría a cada paso todos esos recuerdos con muchísimo más coraje, el coraje de llegar hasta el final de las cosas, aunque éstas; lamentablemente la llevaran más rápidamente a su final.

 funeral

Finalmente con la ayuda de las enfermeras, María fue llevada de vuelta al hospital, ninguna palabra se escuchó durante el camino, había poco o nada que decir, su tristeza era profunda, pero más lo era el hecho de sentir que pudo haber hecho más para salvar la vida de Don Esteban.

De vuelta en el hospital, el Dr. Delgadillo la recibió con un profundo abrazo, ahora ella tenía que trabajar el doble con la psicóloga asignada, no sólo era el hecho de enfrentar el cáncer, sino que también era enfrentar su duelo.

Después de que el Dr. Delgadillo se cerciorara de que la salud de María seguía estable, ordenó que la pasaran de nuevo a su habitación, había que descansar y seguir al pie de la letra todas las indicaciones, ya que las semanas heladas y desoladas estaban por llegar justo cuando iniciara el triste calvario de las quimioterapias.

Pero más allá de esperar ese terrible proceso, María esperaba algo más… era justo el repicar de las campanas, tan sólo 5 horas faltaban para que llegara ese momento. María una vez más no sabía hacia dónde, cuánto, cómo o para quién tenía que correr, lo único que sabía es que lo tenía que hacer.

hospital

Bajo una tensa calma, ayudada por los sedantes suministrados, María quedó profundamente dormida; o al menos eso le hizo creer al Dr. Delgadillo y al resto de sus asistentes, su adrenalina había anulado cualquier efecto del sedante.

El momento estaba cada vez más cerca, tan sólo 20 minutos para que las campanas repicaran; era la hora de alistarse, María lentamente se levantó de su cama, miró debajo de ésta, y ahí estaban; –sus fabulosos Tenis Rotos– su bata cayó al suelo, con lo cual su cuerpo quedó desnudo, fue entonces que con incredulidad miró su lado izquierdo, se dirigió hacia el espejo y frente a éste, tocó de forma sutil su cuerpo, una gran parte de su ser ya no estaba con ella, dos lagrimas escaparon de sus ojos, la primera era por dolor, ése por sentirse mutilada, despojada por una enfermedad parecida a un demonio, pero la segunda lagrima fue por la determinación que habría que tener su corazón para superar ésa y cualquier otra situación.

María limpió sus dos lágrimas e inmediatamente después cogió su ropa la cual  permanecía sobre el sillón de la habitación, sus tenis vinieron hasta el final, -ella estaba lista- expectante para comenzar a correr justo a las tres.

¿Qué vendrá después de escuchar que las campanas comiencen a repicar? ¿Podrá hacerlo una vez más?

-Espera el capítulo XXI-

María y sus tenis rotos 2

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