Correr tras esa maldita

 


Karen es una chica de 28 años, guapa, con un posgrado y un excelente trabajo, había llegado al Running como llega cualquier otra persona; –por una poderosa razón– tras una larga relación sentimental, ésta… -simplemente terminó- quedó devastada por esa situación que sucedió hace dos años, y justo ése era el tiempo que ella tenía corriendo.

Dos años donde todo había quedado atrás, eso le ha permitido reconocer que pudo dar más en esa relación, -no hablar con la verdad- desencadenó toda esa amarga situación, ella hasta se dice:

-Que son sentimientos difíciles de explicar y aún más complicados que puedan entender los demás-

Por eso, no fue casualidad que se convirtiera en corredora, hay que ser muy atrevida y sobre todo distinta al resto para decidirse a correr, Karen así lo veía, pero sobre todo sabía que corriendo… nuevas emociones vendrían.

-Y justo una mañana de sábado una de ellas llegó-

Karen había ido a recoger el paquete de su próxima carrera dentro de una enorme Expo, después de varios minutos de recorrerla, se detuvo y fue entonces que la miró, pareciera que las dos lo hicieron, -¡Pero no!- sólo Karen lo hizo, inmediatamente después una extraña sensación le gritó; ¡Hay que conocerla! y sin pensarlo…

-Karen se acercó y la conoció-

El Running las había puesto en el camino y desde ese momento Karen quedó sumamente entusiasmada, pero sobre todo con las ganas de volverla a ver, pero para que eso sucediera tenía que esforzarse y arriesgarse mucho más.

correr tras la maldita

Y así lo fue haciendo semana tras semana, en cada entrenamiento la pensaba, en cada dolor la llamaba y en cada meta que cruzaba, sabía que era un paso para estar más cercanas.

Para Karen se había convertido en su más grande reto como mujer y sobre todo como corredora, estaba decidida a llegar hasta el final sin importar las consecuencias, había que darle al corazón experiencias nuevas y afrontarlas sin miedo al qué dirán.

Pero su familia la comenzó a ver que actuaba de manera extraña, incluso algunos miembros la llegaron a juzgar, aquello se venía haciendo más insoportable para Karen, hasta que un día ya no pudo más y tuvo que hablar… Todo lo dicho ese día provocó los cuestionamientos de todos, incluso uno de ellos lo hizo de forma más despectiva:

-¿Y no me digas que vas a correr tras esa maldita?-

Karen afirmó; -¡Sí, y lo haré por mí!- incluso lo haré por ustedes por dejar atrás mis estúpidos miedos y claro lo haré hasta por esa maldita como ustedes la llamaron, porque saben ¿Qué?

-¡La quiero tener!-

corredores discutiendo

Aquello fue una bomba pero sobre todo una tristeza para Karen,  saber que su familia poco o nada entendió sus razones para luchar por ésa… por esa maldita como la llamaron, una que aceleraba su corazón.

Los días fueron transcurriendo hasta llegar el día en que por fin estarían juntas, y ese sería dentro de la maratón, Karen hasta en tono sarcástico y retador se dijo esa mañana; -¡Es hora de correr tras esa maldita!- y así lo hizo… porque sabía que ésa la esperaría en la meta.

Y tras 42 largos kilómetros, donde sobrevino el dolor, sonrisas, lágrimas, cuestionamientos, alucinaciones y un sinfín de emociones… la gloria total llegó cuando Karen venció a esa impredecible maratón

-Pero llena de felicidad le faltaba algo más… ver a esa maldita-

Y ahí estaba ésa; esperándola en la meta, Karen se dirigió hacia donde estaba, y aunque fueron unos metros, por el dolor lo sintió como otra maratón, pero no le importó; llegó, la miró, le sonrió, inclinó su cabeza y en un instante… ya la tenía cerquita de su corazón.

Sí, porque esa maldita, era su medalla, la cual la saludaba en la conquista de su primera maratón

-¡Oh sí!- lo viniste pensando bien; -¡Esa maldita!- no es más que esas malditas medallas, ésas que premian la conquista de nuestras distancias largas, y si has corrido una maratón, sabes que tienen muchísimo más valor

Porque dime sino… esas malditas medallas te cuestan sangre, sudor y lágrimas, porque para llegar a tenerlas, necesitas más esfuerzo, disciplina y entrega, tienes que soportar preguntas incomodas, incluso tu familia se preocupa, porque piensan que ir tras esas malditas, es atentar contra tu propia “salud”

-¡Pero no es así!-

la madlita medalla

Cuando un día te calzas un par de tenis, ves a esas malditas tan lejanas, que piensas que nunca las tendrás, -¡Y oh gran error!- te las encuentras en el momento más preciso, te inscribes y cuando ya tienes encima el “gran problema” muchas cosas tendrás que mejorar, porque hasta con esas malditas vas a soñar.

Y como lo he escrito en otros artículos o incluso como lo digo en mis charlas motivacionales;así sean esas malditas de oro, plástico o papel, valen lo mismo cuando las cuelgas en tu pared-

Porque una medalla de maratón es la máxima muestra de que todo lo haces con el corazón

Por leerme… mil kilómetros de gracias

Firma Korridori

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