Corriendo sus labios se encontraron


Historias azules, historias rosas o incluso hasta rojas, pero todas tienen un final, ¿Cuál? al que tu imaginación te permita llegar.

SEXY & RUN

Lo que pasa dentro y fuera de las carreras, ¿Se queda en las carreras?


Era una fresca mañana del mes de noviembre, Aida como cada domingo se levantó al sonar el despertador, contrario a lo que mucha gente hacía; -Que era levantarse hasta tarde ese día- ella programaba su despertador para despertar al alba, la razón; era la ilusión que le hacía salir a la calle a correr, cuando aún la gente común seguía dormida.

Vivir en una ciudad puede resultar caótico para cualquier persona, entre las largas jornadas laborales, el encierro en una oficina, el tedio de cada día acudir al mismo lugar de trabajo, andar de traje sastre todo el día, y en suma Aida montada en sus zapatillas lo cual era una angustia a sus pies, pero el momento de meterlos en sus preciados tenis, estos tenían el poder mágico de volver lo rutinario en una actividad que la llenaba de vida.

Aida Korridori Merino

Salir a correr era soltar toso eso, Aida vivía con su madre, pero ya contaba con casi treinta años -y cómo anhelaba tener un espacio para ella sola- su trabajo no le estaba siendo ya tan fructífero, el amor se le escapaba como el aire entre las manos, las amistades podían ser lo único que la sostenía, el sábado había tenido un percance con su jefe, éste fue sumamente ofensivo y ella deseó con todas sus fuerzas tener ojos que pudieran fulminarlo.

Pero el domingo todo se trasformaba, ese día Aida se levantó, abrió la cortina del ventanal para que entrara el aire fresco, puso la cafetera, se preparó un sándwich con crema de cacahuate, entró al baño, se cambió, se anudó los cordones de los tenis, esos que le gustaban tanto con sus colores tan llamativos, tan alegres, tomó el reloj, el reproductor de música, se colocó los audífonos, seleccionó la música que habría de acompañarle; Foals -¡Sí, esto suena bien!- y sin más salió a la calle aun desierta de gente, de autos, de smog, de ruido.

Caminó hasta el parque cercano a casa y se dispuso a calentar, cuando estaba haciéndolo vio que llegó un chico… -Por cierto muy atractivo- era alto, le gustaban los chicos altos ya que ella pasaba por encima de la media de las mujeres comunes, además era delgado, no musculoso, pero le gustó la manera en como él a lo lejos le sonrió.

Aquel chico se llamaba Emiliano, él acaba de llegar a la ciudad, tenía apenas un mes, había venido a estudiar una maestría en Ciudad y Espacio Público Sustentable, él también gustaba de correr, ya que además de ejercitarse, encontraba en esta actividad la posibilidad de adentrarse en la ciudad, de palparla paso a paso, de hacerla suya, de conocerla y poder pensar en la manera de cómo rescatar a las grandes ciudades de la contaminación, de crear más áreas verdes que pudiera brindar aire puro a sus ciudadanos, de proponer algo respecto de la vialidad, en fin…

-Corriendo era como podía saber de qué estaba enferma la ciudad-

emiliano korridori merino

Aquel domingo, Emiliano al igual que Aida se levantó al amanecer, estaba en preparación para su siguiente medio maratón, se dirigió al mismo parque y justo ahí sintió una ventisca de aire fresco y eso provocó su sonrisa, y fue entonces cuando la vio; -ahí estaba Aida-

La sonrisa se le amplio aún más, ella era una chica delgada, no flaca, pero si delgada, alta, y de lindas piernas, y ese short le quedaba a la perfección, pero -¡los tenis!- esos tenis hasta en la más profunda oscuridad podían ser encontrados y finalmente:

-Emiliano los encontró-

Emiliano se acercó a la mirada de Aida:

  • ¡Hola me llamo Emiliano!
  • Seguido de un; -¿puedo unirme a tu rutina de calentamiento?-
  • Sólo se escuchó un; -¡Si, por qué no!-

Y así sin más juntos comenzaron a calentar, Emiliano le señaló el departamento donde vivía, le preguntó acerca de la distancia y el ritmo al que Aida planeaba correr y quiso saber si podía también ahí acompañarla, Aida pensó que a pesar de ser un desconocido, no había peligro en que corrieran juntos, ella creía que una persona que corre no puede ser una mala persona, así lo confirmaba su grupo de conocidos que se dedicaban a este deporte.

Empezaron a correr y a entablar plática, Emiliano iba atento a lo que decía Aida, le gustaba la forma de su boca, le gustaban esos labios, deseaba conocerlos, se preguntó:

-¿Qué se sentirá besarlos?-

labios de aida

Aida se ruborizó al notar que Emiliano le miraba directo a la boca, él le había caído bien, le gustaba y lo invitó a formar parte del grupo en el que corría entre semana.

Y así penetrando en la ciudad, iban penetrando en ellos mismos al hablar y al correr.

Autora: Paty Saldivar

Paty Saldivar

Paty: Corredora, maratonista, psicóloga, amante del café y de la buena lectura, de los besos interminables y las caricias memorables, aborrezco la rutina tanto como las noches frías.

Sexy Run 2

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