Cosas que entristecen a un corredor


Desde hace algún tiempo tenía ganas de escribir este texto, y más que hablar de tristeza podría decir que es preocupación y hasta indignación con una dosis de coraje, así como lo lees, de coraje.

Cuando corremos, sobre todo una larga distancia en la calle, nuestros sentidos están más que alertas, tanto a los sonidos, a los autos, a las personas y hasta a la delincuencia, motivo por el cual parecería que vemos el mundo desde otra óptica.

No quisiera señalar tajantemente y decir que los que corremos somos una raza distinta, simplemente el correr nos hace más humanos, más conscientes de las cosas, no solo de las propias, sino también; de todas aquellas que envuelven a nuestra sociedad.

Por lo cual te comparto algunas de las grandes tristezas de un simple corredor:

Tristeza No. 1

Miro mi entorno, ajusto mi reloj, seco mi sudor, volteo a mi alrededor, fijo mi mirada al suelo y es cuando todo cambia ¡Dios mío! Una lata de gaseosa, un envase de vidrio, un plato de unicel, todos tirados ahí… ¡En el suelo! sigo corriendo, quisiera ir juntado todo, pero me es imposible, adelante… un colchón, sí como lo lees un colchón, tirado en la calle, sigo mi camino y sigo viendo latas y envases.

Mientras mi mente y sentidos están cargados de endorfinas, es cuando me digo; ¡Carajo qué tipo de sociedad somos! La experiencia de correr me ha llevado a hacerlo hasta Japón y es increíble que allá ni botes para la basura hay.

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Tristeza No. 2

Sigo en la calle consiente e indignado por todo lo anterior, pero esto pareciera ser un acto “anónimo” y kilómetros adelante esto acaba, la señora que va en su gran camioneta SUV, decide ir más rápido y eso conlleva pasar sobre todo y todos para conseguir su objetivo, tengo el paso del semáforo, pero ella no lo entiende así, tremendo susto, de ver a esa camioneta tan cerca de mí, lo peor es su indignación, por no comprender que su rapidez por llegar, está por encima de mi seguridad.

Mientras mi mente y sentidos están cargados de endorfinas, es cuando me digo; ¡Carajo qué tipo de sociedad somos! Los demás deberían de ver con respeto y admiración a todos aquellos que corremos, no porque seamos diferentes, sino que siempre he pensado que alegramos las calles.

Tristeza No. 3

El entrenamiento por fin termina, mi cuerpo me pide una dosis de productos ricos e insanos, de esos que encuentro en la calle, la tentación es grande, una veces cedo al paladar, total es parte de la vida, vivirla haciendo lo que nos gusta y comer es una de ellas, pero la mayoría del tiempo, recordar que ya son varios meses de seguir un plan alimenticio guiado por un experto nutriólogo, acaban llevándome por el camino de lo sano.

Entonces me dirijo a la tienda local de mi casa, casi siempre a las 10PM. Estoy formado en la fila para pagar mi fruta y leche light, un señor con altos índices de obesidad el cual lleva en su mano listo para pagar, un litro de Coca Cola más un pan lleno de azúcar y además pide una cajetilla de cigarros, miro más allá y veo que todo es igual, la niña, la señora, mi vecino, todos tendrán una cena que está acabando lentamente con su vida y sobre todo posicionan a mi México, como uno de los países con más obesos.

Mientras mi mente y sentidos están cargados de endorfinas, es cuando me digo; ¡Carajo qué tipo de sociedad somos! Querernos va más allá de adquirir cosas que nos den bienestar, querernos es llegar a una vejez plena donde tengamos los más mínimos problemas.

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Tristeza No. 4

Y la número cuatro no podía faltar y ésta; la veo en mis amistades y hasta en mi propia familia, los invito todo el tiempo a hacer algo por su cuerpo, no tanto por estética, sino por salud, mover el cuerpo, las toxinas, pero sobre todo los pensamientos, escuchar el clásico: ¡Qué flojera, a mí el ejercicio no se me da! de verdad es lo que me entristece más, yo no soy un atleta profesional, soy un simple amateur y no necesité más que dar un paso.

Con flojera, con la ropa más fea y más austera, con una pésima técnica, sin saber nada, así es como comencé, quizá hoy sigo igual, pero lo que sí puedo asegurar, es que mi salud sí se transformó; y no sólo la física… sino la mental y sobre todo la espiritual.

No sé si todas estas tristezas que vivo al correr, son sólo parte de mi ciudad, de mi país o de las sociedades de habla hispana en general.

No lo sé… sí lo vives y sientes tú también, por favor házmelo saber.

-Por leerme… mil kilómetros de gracias-

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