Detenerse a disfrutar (María y sus Tenis Rotos, Capítulo XXIII)


María y sus tenis rotos, novela de running con toques de ficción pero que nace de la realidad, después de saberse enferma su vida cambia y ahora tiene que correr para alcanzar la vida de los demás, pero irónicamente la suya se le va.


Final Capítulo XXII – dentro del hospital, María había ido a visitar a Mateo una vez más, para sorpresa de ella, él ya se había ido.

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Capítulo XXII: Sin mirar atrás 


María volvió a su habitación, algo triste porque no logró conocer a Mateo más allá de su nombre y a lo que se dedicaba. Ella debía seguir, su partida del hospital pronto se llegaría, una nueva vida la esperaba al cruzar la puerta del hospital.

Por la tarde el Dr. Delgadillo tenía programada la salida de María, gran parte de los miembros de su familia y amistades la acompañarían. Horas más tarde, se había llegado el momento, la primera en ver a María fue Natividad su madre, seguido de sus hermanas y como siempre de Aurora su mejor amiga.

Las recomendaciones del doctor fueron muy claras; cuidados absolutos, portar en su brazo izquierdo una manga de compresión, cuidar la dieta, revisiones periódicas y sobre todo prepararse para recibir las primeras quimioterapias, y esto último iba a ser lo más angustioso.

De igual forma el Dr. Delgadillo pidió a familiares y amigos estar al cuidado de María, Doña Natividad fue la primera que alzó la mano, posterior Mónica su hermana, Aurora y varias más de sus amigas, aquello era sumamente conmovedor, pero en el fondo era aún más difícil para María estar acompañada que sola.

Después de varios días en el hospital y una serie de trámites dentro del mismo, por fin María estaba en su departamento, ése marcado con el número nueve. Dentro del departamento todo seguía en su lugar, la quietud de aquel departamento presagiaba que eso no duraría mucho tiempo, quizá lo peor de la enfermedad estaría por llegar.

Doña Natividad trasladó varias cosas de su casa al departamento, lo que de cierta manera inquietó a María, había que ser paciente y darse cuenta que sería por su bien, pero como verlo así siendo una mujer tan fuerte e independiente.

La noche llegó, María estaba desesperada, habían pasados algunos días sin correr y eso la estresaba aún más, así que cogió su celular y marcó a Aurora:

-Hola ¿Qué haces?-

-No mucho, estoy en casa ¿Estás bien María?-

-Estoy muy aburrida, necesito salir a tomar aire fresco, caminar un poco, ir por una o dos tazas con café ¿Quieres ir?-

-Por supuesto María, paso por ti en un momento-

Aurora tocó a la puerta del departamento de María, ella rápidamente salió, necesitaba escapar del encierro de su departamento, ambas se dirigieron a su cafetería favorita; la Dos Amores, la mesa de siempre con el café acostumbrado, americano espresso, con un toque de leche, sin duda volver a vivir esos momentos, llenaba de nuevos ánimos a María.

piano

La charla amena entre aquellas dos buenas amigas se iba postergando, una vez más recuerdos, momentos, ponerse al día de todo lo trascurrido, y de repente… las notas de un piano comenzaron a escucharse, el lugar comenzó a bañarse de una peculiar paz que se acompañaba con el delicado aroma del café, aquella sensación fue provocada tras escucharse las primeras letras de una bella canción;

Unforgettable, that´s what you are

Unforgettable, thought near or far

Like a song of love that clings to me

How the thought of you does things to me

Never before has someone been more.

¡Claro! Era la canción favorita de María, Unforgettable de Nat King Cole,  tras escuchar la primera estrofa de la canción, María le dio un delicado sorbo a su café, dejándose cautivar una vez más por el aroma y la bella nota. Aurora hizo una pausa y se dirigió al baño, inmediatamente después una persona se sentó frente a María, era la misteriosa mujer de encanto blanco, María hizo una pausa para cuestionarle:

-¿Qué haces aquí?-

La mujer con tono burlón le contestó: -Lo mismo que tú, disfrutando de un delicioso café-

-¿Cómo estás después de tu operación?-

María molesta contestó: -¡Bien! Por favor vete-

-Lo haré, pero no sin antes decirte que una vez más al correr salvaste la vida de otra persona, así que por aquel día que escapaste del hospital, alguien muy pronto con todo su corazón te dirá mil gracias-

La mujer se levantó de la silla y se dirigió lentamente hacia la puerta de aquella cafetería, María se quedó llena de preguntas, a qué se refirió la mujer. Unforgettable siguió escuchándose, pero María no se había percatado de algo, quién era aquella persona que cantaba de forma magistral su canción favorita.

A veces en el peor momento de nuestras vidas, llegamos a encontrar algunas de las cosas que más llegaremos a amar, como por ejemplo; correr.

María y sus tenis rotos 2

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Capítulo XXIII – Cuando corres… ¿En qué sueñas?






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