El maldito día que comencé a correr


Dicen los que saben que todo en la vida sucede por una razón, un accidente, alguien que se te cruza en la fila del supermercado e incluso hasta conocer a ese gran amor.

Y ni que decir cuando se comienza a correr, todo da inicio por algo adverso que está sucediendo en nuestras vidas; mala salud, falta de ánimo, socializar o simplemente experimentar algo nuevo.

Y justo ahí es cuando comienza ese maldito día y esta maldita historia, cuando a tus pies llegaron unos modestos tenis para correr:

Esa maldita hora y maldito lugar cuando comenzaste cargando un montón de preguntas, que pronto el internet te llenó de respuestas, algunas no tan ciertas.

Maldita la hora y maldito el lugar que en los primeros pasos te pedían abortar y a volverte a cuestionar ¡Carajo qué hago acá!

Maldita la hora y maldito el lugar que te hicieron ver que esto no sería para nada sencillo y a veces no tan divertido.

Maldita la hora y maldito el lugar donde te comenzaste a comparar con aquel anciano que te rebasaba y cada que sucedía esto te hacía dudar aún más de tu capacidad.

Esa maldita hora y ese maldito lugar que muchas ocasiones te llevaron a vivir más profundamente tu soledad y lo más irónico es que de ella querías escapar y quizás, ésa fue la razón más poderosa por la que decidiste comenzar.

Maldita la hora y maldito el lugar cuando tuviste que dejar de comer con esa intensidad para empezar a cuidarte más.

Y ni que decir de la maldita hora y maldito el lugar donde el alcohol y el tabaco con los que acompañabas tus fines de semana, se quedaron esperándote a que de nueva cuenta les llamaras.

De verdad que maldito día aquel cuando comenzaste a correr, cuando tuviste que darle una trasformación a tu vida, era tan fácil seguir en la caja de confort y que nada se moviera a tu alrededor.

Por eso reafirmo una y otra vez, que maldita la hora y maldito el lugar cuando comenzaste a correr, porque justo después supiste decir ¡YA NO!

Y si ya era maldita la hora y maldito el lugar aquel donde comenzaste a correr, más maldito lo fue, aquel día que decidiste “según tú” a quererlo hacer “bien”

Al menos así lo pensabas, darle vueltas al parque te sonaba suficiente, pero inscribirte por primera vez a aquel 5k de verdad fue algo que nunca tuvo que pasar.

Ya nada fue igual, una tras otra carrera, retos y viajes por delante, equipo especializado cargado a tu tarjeta o sacando dinero hasta del fondo de tu billetera, y además dices que comenzaste a sumar sensaciones difíciles de explicar.

De verdad, maldita y mil veces maldita la hora y el lugar, aquel cuando sentiste por primera vez al pasar la palmada de aquel chaval, y sobre todo, maldita la ocasión, aquella cuando experimentaste dolor, porque sin duda eso te llevó a tener una comunión más profunda con Dios.

Por eso digo una vez más que maldita la hora y maldito el lugar donde comenzaste a correr, porque lo único que sucedió es que con nosotros jamás piensas volver.

Atentamente:

Todos tus miedos y todas esas personas que te criticaron y que te extrañan tanto…

-Ahora que eres corredor-


Sin lugar a dudas correr literalmente es dejar atrás miles de estúpidas cosas, malos momentos y decenas de personas toxicas, correr hasta es un acto de fe y amor, fe y amor a ti mismo, no se trata de petulancia y vanidad, sino de saber encontrar soluciones ante cualquier adversidad.

A veces, de hecho muchas veces, me uno a ese sentimiento que maldice mi hora y lugar, aquel donde comencé a correr, porque con ironía digo; de verdad ¡Maldita aquella vez que lo intenté! Y sobre todo; maldita la razón que me trajo acá, porque de no haberlo hecho, quizá mi vida no sería lo que ya es, una llena de hermosos recuerdos, de viajes intensos y personas que al conocerlas me han dejado sin aliento.

Así que solo me resta decir…

Maldita la hora y maldito el lugar donde comencé a correr porque justo desde ahí puedo decir que volví a nacer.

Y tú… ¿Cuándo fue tu maldita hora y tu maldito lugar donde comenzaste a correr?

-Por leerme… mil kilómetros de gracias-

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