Mi maratón, así lo viví yo (Daniela Pradines)


Este es un espacio para que korridores de todos los países de habla hispana nos compartan su manera de sentir o vivir esta locura llamada correr.

Porque por más lejos que nos encontremos, corriendo nos conectamos.


Hola soy Daniela Pradines Terra, uruguaya, orgullosa mamá y ¡claro! Maratonista, no es lo mío escribir, así que sólo intentaré plasmar lo que mis ojos vieron, pero sobre todo… lo que mi corazón vivió aquel día que corrí mi primera maratón.

Rosario… 42.195 metros por delante, momento de la largada, todo pronto, música, reloj, cordones atados, corazón latiendo a full. Por fin largamos, pasamos arco de salida, emoción, nervios; -vamos, vamos ¡que se puede!- Más de 3000 atletas con ilusiones, miedos e inconsciencia.

Primeros 6 kilómetros todo marchaba lindo, gente contenta; -uf- ¿El agua la dan en vaso? Mmmm bue… veremos cómo resuelvo la tomada de gel,   llegando al kilómetro 10 puesto de agua, pido botella, de litro y medio pero botella al fin; -sigo- botella en mano gel y pañuelo en la otra, me dije…

-¡Vamo’ arriba!-

Bajando a la rambla al kilómetro 15 muy emocionada, con la música que había escuchado cientos de veces.  Veo de lejos los colores violeta y verde de mi equipo, agitando banderas, -¡gritos!- Me acompañan unos 300 a 400 metros; -¡Dani no llores!- me decían, eso te saca el aire… (Ahí ya estaba en mi segundo llanto el anterior fue en el kilómetro 7) Alguien pregunta; -¿Contenta?- Sí mucho.

Del 15 al 18, sin muchos sobresaltos, hasta llegar a la rotonda de la autopista;  volviendo por el 19, otro puesto de agua, pero éste; -ya sin agua- bue’ Plan B igual a: busquemos botellas con restos, encontré una, al menos para mojarme los labios.

-Ninguna adversidad puede generarme problemas, (me decía)-

Llegando al kilómetro 20, nuevamente la marea violeta y verde, mis dos compañeras de equipo, con una gran sonrisa esperándome, y lo mejor; -con una botella de agua- ahí empezó la procesión de las tres; me iban a acompañar un tramo, pasamos por el monumento de la Bandera Argentina, que bien se sentía, los colores celeste y blanco flameando en ese momento, me tomé mi segundo gel, ése de frutilla que tan feo sabía.

running uruguay

Las tres, amalgamadas, juntas hasta el kilómetro 27, un par de veces conversamos con otros maratonistas, yo cuidando la energía, no malgastarla, prefería escuchar.

Nos cruzamos con otros compañeros que iban más adelante, los vimos bien; -que suerte- me dio fuerzas para seguir adelante. Llegamos al kilómetro 27, otro puesto de hidratación; -sin botellas también- Me llevo la que teníamos, sin saber que en los próximos 8 kilómetros era lo único que iba a tener, las chicas se quedan esperando mi retorno, nos engancharíamos nuevamente en el kilómetro 34,500

-Me sentí triste y solitaria al dejarlas-

Empecé mi procesión sola, sabía que iba a ser duro del kilómetro 27 al 35 (Nunca creí que tan duro) En el km 28 me cruzo con mi Coach, con su habitual sonrisa -¡Vamos Dani, vamos que se puede!- Sí, me dije, ¡claro vamos que se puede! kilómetro 29 bullicio de gente, un animador con un micrófono alentando;

-¡Vamos Uruguaya! Ahí ya sentía que se estaba por “prender la reserva”-

Kilómetro 30, (si mi gente, ahí empezó el Maratón) sentí que algo dentro de mi hizo “power off” era el momento de tomar el tercer gel, algo se había interpuesto entre mi objetivo y yo; -Era el Muro- No podía avanzar, me dolía la barriga, náuseas, mareada, sudoración fría, veía destellos… igual seguía.

Opté por no tomar gel, me pesaban las piernas, llegó el momento de hacerme fuerte me dije; pensaba en cosas positivas:

  • En mis hijos que estaban esperando a “mamá maratonista”
  • En todo el tiempo que había sacrificado con ellos por los entrenamientos.
  • En que merecía salir victoriosa.
  • En mi padre que se sentiría orgulloso y ya no está para contárselo.
  • En un equipo que me había apoyado.
  • En que era la representante mujer de mi equipo de running en Rosario.
  • En mi familia y amigas con su aliento constante.
  • En que soy mujer y sólo por ese hecho tenía que poder.

maratón rosario

Traté de distraerme con la técnica; -contemos cuántos corredores tienen championes flúo– me di cuenta que conté 1, sí, sólo 1. Me olvidaba lo que estaba haciendo, qué estaba contando, optaba por otras técnicas de distracción, hacía cuentas mentales, deletreaba palabras en español, palabras en inglés.

-En todo me perdía-

Empecé a ver gente por los costados, acalambrados, quejándose, llorando, me dije; -bueno, estoy mejor que todos estos- y seguí así, con cólicos, mareada, escuchaba las voces lejos, quería salir de esa situación. Llega el kilómetro 35 donde estaban mis “ángeles guardianes” sólo quería llegar a ellas. En ese kilómetro hice una “parada técnica” Me dicen mis compañeras; -Vamos Dani, pasaste el muro, ya estás del otro lado, me visualicé dejando atrás esos kilómetros y que todo iba a empezar a volver a la normalidad.

corre uruguay

Ese muro que imaginé tantas veces como un gran gigante que se paraba frente a mí para impedirme el paso, ese gran monstruo del que muchos hablaban y no había tenido la oportunidad de conocer, estaba preparada a enfrentarlo, mi pequeñez ante tanto poderío me hizo sacar fuerzas de donde sólo los que se enfrentan a esas situaciones saben que las tienen.

Estamos tan acostumbrados a lo simple de las cosas que no sabemos la capacidad que poseemos. Le estoy agradecida a este maldito muro por haberme enseñado la fortaleza que poseemos en nuestro interior.

-¡Si, lo vencí!-

Por el km 35 – 36 doblamos hacia un parque, en un momento, me empecé a sentir bien, levanté la vista, hablé y empezó la última fase de mi maratón, era cierto, el muro estaba atrás, seguramente con otros maratonistas.

-Pero no pudo conmigo-

Llegando al kilómetro 38, ahora mi maratón la tenía que correr con ese disfrute de los últimos kilómetros. La gente alentando; -¡vamos chicas, arriba uruguayas!- otros que nos decían; ¡seguimos a las uruguayas! ahí pensé… si todavía alguien nos sigue, es porque hay alguien detrás, yo escuchaba y disfrutaba, me reía pero por las dudas hablaba poco, no gastar energía, era una caricia al alma.

Ya íbamos en camino final; -¡Ésa!- me dije, llegamos al kilómetro 39, al kilómetro 40 miré mi reloj marcando el número 40 y me volví a emocionar, llegando al km 41 venía una bajada, (qué felicidad) Sabía que después de la bajada ya estaba. Yo ya sin música disfrutando del aliento de la gente, del aire en la cara, de mis compañeras riéndose… ¡Momento único!

corredozra uruguaya

Por fin el kilómetro 41 empezamos a transitarlo, banderas uruguayas, gritos, algarabía, aplausos; -todo Indescriptible-  Las piernas iban solas, el corazón latiendo fuerte, un nudo en la garganta, hasta que por fin se divisaron…

-Esos dos arcos de llegada con los que había soñado tantas veces-

En esos entrenamientos duros, con frío, con lluvia, cansada, siempre imaginaba ese momento, el momento tan esperado, ver el arco de llegada y allí estaban, a falta de 1… eran 2. Emoción doble, ahí empecé ese trayecto sola, a puro corazón, con tantas imágenes cruzando por mi mente, con lágrimas de emoción, pensando en que lo había logrado, que se puede, que a partir de ese momento pasaba a ser Maratonista, que mi vida había cambiado, que todo valía la pena.

-Ahora era capaz de saber y darme cuenta que mi límite en la vida me lo defino sólo yo-

Gracias por leerme y a Korri por permitirme compartir mis locuras a todas esas locas y locos corredores de habla hispana.

Saludos desde Uruguay su amiga Daniela Pradines Terra

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KM.

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4 comentarios en “Mi maratón, así lo viví yo (Daniela Pradines)

  1. Mi primer maratón también fue en rosario pero en el 2009, pah se me vino a la mente todos y cada unos de los paisajes y pensamientos de ese día… Gracias por compartir tu experiencia, muy emotiva!

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