Mis horribles primeros tenis


Quizás… tú al igual que yo los recuerdas, ese primer par de tenis con los que comenzamos a correr, y digo correr para no sentirme tan mal al recordar, ya que aquella primera vuelta se sintió como recorrer toda una nación. En mi caso fueron unos de la marca Spalding, quizá los tuyos fueron unos Joma, Panam, Converse o si tuviste más suerte, unos flamantes Nike.

Aquellos mis fabulosos Spalding los había comprado dentro de una tienda departamental dos años antes de aquel Día 1. El costo… ridículamente baratos, como no llevármelos, ¡Total! En ese momento sólo los quería para caminar.

viejos tenis

Esos tenis, dos años debajo de la cama, llenos de polvo, salieron de ese entierro, en ese momento correr era la opción más sencilla y barata ¡Qué infame mentira! La única verdad es que necesitaba hacer algo no sólo con mi salud física sino también con mi salud emocional, así que ese algo tenía por nombre ¡Correr!

Que si mis tenis eran para un determinado tipo de pisada, que si tenían el correcto drop, que si me ayudaban en la amortiguación, ¡Jamás! Que iba a saber eso yo, sólo recordé que de niño corría y lo hacía bien, y digo bien, porque nunca me llegué a caer; así que esas cosas tan sencillas, fueron mis más grandes razones que me hicieron tomar la decisión de arrancar (Que razón tenías María).

Mi mente aún recuerda aquel ruido que hacían las suelas de mis tenis cada que impactaban en el asfalto, era como ir manoteándolo no pisándolo, en cada pisada podía sentir la más mínima piedra, y es que la suela era de una goma cualquiera; una breve sonrisa se me escapa al escribir esto, ya que también recordé que en esa primera carrera, perdón… caminata rápida, pensé que era inútil c0mprar unos tenis de aproximadamente 100 USD imposible “gastar” eso para un simple par de tenis que iba a usar una o dos veces por semana, (hoy me doy cuenta que hay más costosas).

Cuando llegué a casa, el plástico y costuras de mala calidad de aquellos Spalding simplemente claudicaron, no sólo acabaron en mal estado, sino que también enlodados, aquel par de tenis blancos ya eran negros, pero… ¿Para que cuidarlos? Total; correr es tan sencillo y no se necesita más que una buena mentalidad.

Pero no sólo ellos terminaron destruidos, sino que también mi cuerpo y sobre todo mi orgullo, tan sólo 2 kilómetros trotando, caminando y 300 0 500 metros caminando, me hicieron pensar… ¡Al diablo! (Que razón tenías María).

sufrir al correr

Aquel par de tenis iba y venía una y otra vez de aquel sitio donde siempre los guardaba, debajo de mi cama, si aquel par de tenis hubiera hablado, de seguro que hubiera renegado, ese par de tenis estaba acostumbrado a la comodidad de no hacer nada y de vivir en la oscuridad.

-¿Los tenis o yo?-

Así es como uno sigue, totalmente arcaico, como si fuera uno corredor de la prehistoria corriendo detrás de presas para cazarlas, lo único que sabes es que si ya arrancaste no puedes echarte para atrás, ya no más, no una vez más.

Cuantas cosas no llegamos a revivir cuando recordamos aquel primer par de tenis, ¿Horribles? Sí quizá; pero para algunos por cábala, por nostalgia o porque quizá se los quieres regalar a tu hijo, siguen permaneciendo contigo, ese quizá es el perfecto vínculo que une a la persona pasiva que solías ser con la persona que ahora le apasiona correr.

-Y esa persona sin duda… ya eres tú-

Los kilómetros han ido quedando atrás, las historias se han ido guardando en lo más profundo del corazón, ahora se vive no sólo de medallas o tiempos, se vive de esfuerzos, de dolores, de sentimientos, se vive de abrazos, se vive para lo que Dios un día nos creó:

-¡Para ser un campeón!-

No te hablo del que llega en primer lugar, sino del que logra vivir cada kilómetro con absoluta intensidad. Quien se iba a imaginar que hay un antes y un después a razón de que ese par de tenis llegaron a tus pies. Qué razón tenías María al decirme que iba a costar trabajo pero que te daba gusto escuchar mis pasos a las seis de la mañana por toda la casa, justo antes de irme seguir dando vueltas en aquel pequeño parque, sólo preguntabas:

-¿No te cansas?-

correr por pirmera vez

Quien iba a pensar que unos primeros pasos nos iban a llevar a ti y a mí hasta donde hemos llegado, quien iba a pensar que el mundo lo íbamos a conocer a través de nuestros pies, quien iba a pensar que íbamos a ser unos héroes, no de esos que usan capas, sino aquellos héroes y heroínas que usan tenis, héroes de nuestras novias, de nuestras esposas y hasta de nuestros hijos, quien iba a pensar que un par de tenis viejos que aguardaban debajo de la cama o en los más profundo de un cajón, nos iban a dar tantas y tantas alegrías a nuestro corazón, y pensar que aún hay personas que dicen que No, la prueba más viva está en ti y en mí.

Ahora puedo afirmar… Qué razón tenías María al decirme que sólo cuidara mis rodillas, ahora entiendo que intentabas decirme que logrando eso, podías seguir mirándome desde el cielo.

Carta de agradecimiento al Running y sobre todo a María Merino en su aniversario luctuoso.

-Por leerme… mil kilómetros de gracias-

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