Por amor al corredor ¿Qué has hecho tú?


Dicen todos aquellos expertos y estudiosos en relaciones de pareja, que tienes que aceptar precisamente a ésta, tal y como es, que no tienes que cambiarla porque eso significa que en el fondo no estás del todo de acuerdo con quien en realidad es. Pero estoy seguro que muchos de esos estudiosos aún no han estudiado el efecto de correr y amar a la vez.

Hay ocasiones (muchas diría yo) que tu vida acaba dando vueltas en la apatía y la maldita rutina, te levantas a las 7:00 AM miras a la persona que está a tu lado y la mayoría de veces ya ni le das los buenos los días y en cambio le “regalas” una mirada fría.

Alistas tus cosas, y si hay hijos, actúas con más monotonía; tráfico, colegio, deudas en el pensamiento, camino al trabajo, esperar del jefe un gran regaño, y así de lunes a viernes de 9:00 AM a 7:00 PM.

Vuelves a casa y ahí está de nuevo esa persona, tu amiga, tu compañero de vida y de nuevo… discusiones triviales que nunca llegan a un acuerdo, cada quien desde su trinchera defendiendo su barrera, esa que construyeron desde hace ya un tiempo.

La cama vuelve a ser testigo de que el amor no se ha hecho sobre ella desde hace ya mucho tiempo, todo es gris, con falto de sabor uno que desde hace mucho tiempo se perdió.

La casa es un campo minado, hasta que ya no puedes más y decides escapar, un impulso por demás abrumador te lleva a la calle a buscar lo primero que pase frente de ti; y finalmente lo encuentras… es correr, con esos viejos tenis que sacaste del armario, sin saber nada -Te escapas- pero no literalmente de tu casa sino de tus estúpidas riñas, de tus frustraciones vacías y finalmente lo haces de todos tus miedos.

Semanas, meses o años pasan desde aquel primer día, y algo en ti te dice que es momento de cambiar a tu pareja, no me refiero por otra persona, sino dentro de esa misma persona día a día sembrar una semilla de ejemplo, porque sabes que correr es amor a uno mismo y que mejor que demostrárselo a alguien más invitándolo a correr.

Por eso cuando uno de los dos es corredor y el otro no, qué más da si te vuelves insistente, si la o lo invitas sin descanso, por lo menos a esperarte en la meta, en la otra persona siempre debería de existir un poco de flexibilidad y sobre todo mucha paciencia, porque cuando no se encuentra apoyo en el otro y si decenas de reclamos y hasta de estúpidos celos o peor aún; humillar al otro por su nueva apariencia, tratando silenciosamente de que aborte la misión, es cuando quizás podemos decir que la relación ni siendo malo, ni siendo bueno tiene solución.

Así que… qué demonios importa si la sociedad y la religión nos han dicho que tenemos que aceptar al otro tal y como es -¿Y si el otro es adicto al trabajo, al estrés, a la nicotina a la bebida o a la comida?- El dejar a esa persona donde está también es una especie de muerte a largo plazo, no sólo para esa persona sino para los dos.

Por eso desde que he portado el disfraz de corredor, ese concepto de no cambiar al otro, se ha quedado en un ataúd, al final es hermoso compartir no sólo las cosas bellas diarias de pareja, sino también tener esa comunión dentro de un deporte, magnifico es cuando el otro en carne viva llega a entender el por qué se derraman tantas lágrimas cuando uno cruza la meta o lo grandioso que es recibir una medalla, aun y que a 10,000 más también se la darán.

Es hermoso tener alguien que no sólo se atrevió a vivir contigo su vida sino también sus kilómetros, cuando estuvo dispuesto a entender que CAMBIAR no siempre fue atentar contra su espacio e individualidad.

Porque cuando tienes con esa persona, hermosas charlas no sólo arriba de tu cama sino también en lo alto de una montaña, cuando fusionas los viajes, las vistas en Google Maps para buscar la línea de salida, cuando experimentas los extravíos en metros o autobuses, cuando cargas las pesadas maletas o vives las terribles llegadas a las aduanas o cuando uno de ellos hace lo imposible para comprarle su primer par de tenis para correr, de verdad pienso que ése es un bonito acto de amor, uno al cual denomino:

Por amor al corredor

El amor entre parejas de corredores también se da irónicamente en una helada mañana de madrugada, también sucede cuando el cuerpo más duele, cuando el agua se escasea en una ruta y sobre todo se pone a prueba cuando uno llega antes y espera al otro en la meta, porque lo haces con nostalgia, con preocupación, con deseo, elevando todas las plegarias al cielo, desafiando a la gente del comité que te dice: avance no puede estar aquí. Pero cuando la tormenta termina y ves a esa persona vestida de héroe o heroína portando la medalla justo al ladito del corazón, sabes que esos dos; son y serán siempre para ti…

Para ti corredor

En pareja no importa entre el o los géneros que sean, con amor, sin obsesión, sin obligación, respetando el paso del otro, se llega muy lejos, tan lejos como lo permita Dios y la relación, porque al final el camino en soledad es hermoso, pero es más bonito si se vive entre dos.


Inspirado en la historia de Alfredo Díaz, amigo y cliente de nuestra tienda online, que con esfuerzo logró que su esposa Rosy Martínez corriera ya su primera carrera.

-Por leerme… mil kilómetros de gracias-

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