Sin mirar atrás (María y sus Tenis Rotos, Capítulo XXII)


María y sus tenis rotos, novela de running con toques de ficción pero que nace de la realidad, después de saberse enferma su vida cambia y ahora tiene que correr para alcanzar la vida de los demás, pero irónicamente la suya se le va.


Final Capítulo XXI – tras el choque que sufrió con un hombre, María despertó en el hospital, justo ahí el Dr. Delgadillo le informó la gravedad del hecho y que sobre todo aquel hombre era ciego.

anterior

Capítulo XXI: Caminos que se encuentran


María se sintió aún más culpable, prácticamente aquel hombre no pudo hacer nada para esquivarla, así que ella rápidamente le pidió algo al Dr. Delgadillo:

-Doctor, por favor permítame verlo, necesito pedirle una disculpa-

-Puedes hacerlo dentro de un par de horas ya que haya despertado-

maria

María quedó un poco más tranquila, pero al mismo tiempo el hecho de esperar una terrible noticia por el deceso de alguna persona cercana era algo que seguía abrumándola, así que tomó su celular y rápidamente hizo algunas llamadas a la casa de sus padres, posterior habló con Aurora, así como algunos otros amigos, pero todos se encontraban perfectamente.

Había entonces que guardar la calma, ser positivos, y así fue; después de un largo rato el Dr. Delgadillo le confirmó a María que podía ver al hombre que literalmente había arrollado.

Una enfermera ya la esperaba con una silla de ruedas, la dirigió por uno de los pasillos del hospital hasta que finalmente estuvieron frente a la habitación de aquel hombre.

Sigilosamente la enfermera abrió la puerta, miró dentro de la habitación e inmediatamente después dirigió a María hasta dejarla justo al lado de la cama, ella estaba nerviosa, no sabía cómo iba a reaccionar ese hombre, y de repente… él se dio la vuelta y fue entonces que María miró su rostro.

Una extraña sensación se apoderó de su cuerpo, pero sobre todo de su mente, ese hombre estaba dotado de una peculiar simpatía en su rostro, a pesar del lugar y de las circunstancias, se veía tranquilo, María quedó un tanto cuanto hipnotizada por su rostro, pensó; -es tan varonil y apuesto-

correr con tus ojos 2

El hombre sintió la presencia de María, pero sobre todo percibió su delicado aroma, fue entonces que le preguntó:

-Hola, ¿Quién eres?-

-Soy María García, una chica de 31 años ¡Ah! Y además corredora-

Una tras otra palabra fue escuchándose después de esto, parecería que ambos eran amigos desde hace mucho tiempo, por más de una hora en esa habitación ambos rieron como locos, incluso María olvidó pedirle una disculpa por el accidente.

Pero fue curioso… después de ese tiempo aquel hombre no le había dicho su nombre a María y mucho menos como es que había llegado ahí, hasta que fue inevitable hacerlo.

-Creo que olvidé decirte mi nombre, soy Mateo Arreola, tengo 33 años y desde niño nací con un problema congénito que me llevó a nacer ciego, soy músico y doy clases particulares, además toco en una orquesta, creo recordar que llegue aquí porque una loca sumamente imprudente chocó conmigo de frente-

Tras escuchar lo anterior, María comenzó a reírse, no de él, sino de la loca situación, ella tuvo que hacer un alto para decirle.

-Esa loca fui yo-

-¿De qué hablas?-

-Yo fui la que te arrolló al dar la vuelta en aquella calle, me siento muy apenada, es por eso que pedí verte-

Mateo lo tomó de buena forma, aunque aún estaba dolorido por los golpes, al final sonrió por la casualidad que los había reunido ese día dentro de esa habitación de hospital.

María se despidió de Mateo, al igual que él, con una sonrisa. Al ir caminando de regreso a su habitación se percató de una cosa, por su mente jamás pasó el recuerdo de que ella estaba ahí por la extirpación de un tumor cancerígeno, parecería que el tiempo de detuvo, pero sobre todo que le regresó un poco más de color a sus días que venían siendo de color gris.

Trascurrieron un par de días dentro de los cuales María visitó en cada uno de ellos a Mateo, como aquella primera vez, las charlas cada vez eran más largas y sobre todo amenas, era curioso pero María veía una especie de luz en la mirada eclipsada de Mateo.

Pero una mañana, Mateo simplemente ya no estaba, los doctores lo habían dado de alta, se había marchado de aquel lugar sin tener la oportunidad de despedirse.

¿Sería esto un encuentro fugaz para aliviar momentáneamente el alma de María o sería una amistad que se tenía que volver a encontrar?

María y sus tenis rotos 2

Suscríbete y recibe cada 15 días (viernes) vía e-mail un nuevo capítulo.

-Puedes compartirla en todas tus redes sociales-


siguiente

Detenerse a disfrutar (María y sus Tenis, Rotos Capítulo XXIII)





Derechos de autor bajo la marca Korridori Merino.

Comenta vía tu cuenta Facebook

Comenta vía tu e-mail