Un par de lágrimas corriendo sobre mi cara


Todo empieza una mañana de sábado, despierto y escucho un retumbar en mi cabeza, señal inequívoca de que la noche anterior fue una larga velada, de varias copas, con pocas horas de sueño salto de la cama, mi cuerpo se establece en la tierra pero la pesadez y molestia física han sido hechas casi de forma terrorífica.

Miro el reloj, me indica que ya es tarde, no importa ya que el día es común y normal, hay que seguirlo como uno más, pero no dejo de pensar: -De nuevo despierto así– reviso mi cartera y ésta como pieza embrujada me grita ¡Estoy vacía! viro mi cabeza dentro del cuarto y me topo con un par de tenis, me empiezo a cuestionar: -¿Desde cuándo están en este lugar?-

Esos tenis habían estado ahí mucho tiempo atrás, son de la marca Spalding, la suela está carente de cualquier amortiguación, anteriormente ya los había usado para otras actividades “deportivas” pienso… -¿Qué caso tiene comprar unos más caros para esta mañana común?– a fin de cuentas la noche anterior fue más enriquecedor (hasta ese momento) destinarle más dinero a la supuesta y efímera “diversión”.

fiesta

Los tenis rápidamente abrazan mis pies, ahora a buscar un short entre cajones, ¡Dios mío! Encuentro uno, lo miro y no parece deportivo, el corte es horrible y su color gris al cual yo le llamo “gris tristeza” no me motiva, la prenda no está logrando mi empatía, la playera tiene “más suerte” encuentro una que tiene al frente la imagen de un político sonriente.

Ataviado de “corredor” pienso: -¿Esto en realidad hoy quiero ser?- Tampoco hay muchas opciones, estoy aquí al lado de mi cama vestido y decidido con pequeños dolores, los cuales me gritan, ¡Desiste! ignoro todo y mi respuesta es: -Si por qué no- es hora de dejar las lamentaciones y  estúpidas depresiones, por cosas que el tiempo dicen que cura, era hora de salir de la espiral donde lamentablemente así venía siendo desde hace más de un año, tiempo en donde mis ganas de salir adelante tampoco eran las más entusiastas, porque seguía en mi supuesta y efímera libertad, volando al sol con mi par de alas hechas de cera y cartón.

volando al sol

Salgo de mi casa, tomo mi auto y de camino pienso que -Correr es sencillo, ameno y muy divertido- me encuentro ya en el parque y observo mi entorno, solo veo corredores, por lo tanto empiezo a hacer lo mismo que ellos, estiramientos aquí, allá y en menos de dos largos minutos estoy listo (De acuerdo a mi entender) y súbitamente
me echo a correr, paso el primer kilómetro y me siento muy bien, mi respiración está controlada, mi paso es constante y no hay ninguna señal de cansancio, pero justo antes del segundo kilómetro sobreviene la falta de aire y por consiguiente el cansancio y la pesadez los cuales me piden detener.

corredor solo

Ignoro la petición y mejor tomo un profundo respiro, cierro mis ojos unos segundos, mi mirada vuelve y apunta al cielo luego se centra al frente, mis brazos se extienden para sentir el aire, inmediatamente una sonrisa se dibuja en mi rostro y busco razones para agradecer, a mis padres, hermanos, tías, sobrinos, amigos, todos caben en esta lista, todos están presentes en éste al que le he llamado “Mi ritual”.

justo en la meta

Todo esto que arrancó una mañana de sábado y ahora cada que cruzo un arco de meta, éste mi querido ritual me vuelve a recordar…

-Lo grandioso que fue ese día arrancar, justo en el tiempo y espacio ideal

Correr es eso, un ritual para dejar atrás los demonios, es unir rompecabezas que cuenta la historia del por qué decides un día empezar a correr, son historias que cuentan metas cumplidas, límites puestos a prueba, historias de lugares que has visitado, de múltiples amigos que has conocido en el camino, de estrechar lazos que se transforman en abrazos.

abrazo runner

Y en mi caso, correr son historias de varios maratones dentro y fuera de México, incluso una historia me recuerda mi aceptación al maratón de Boston, todo esto y más resultan ser historias por demás gratificantes dentro de mi carrera, pero más allá de esto la mejor historia como corredor fue, es y será…

Haber sido y ser inspiración para un niño que hoy en día me recuerda que correr es simple y sencillamente pura diversión.

mi sobrino

Ese niño… es mi sobrino de 7 años, que empezó en esto de las carreras a muy temprana edad, niño que sabe lo que es ganar y al verlo constantemente en podios, abrazando sus premios, es sin duda a lo que llamo: -Mi mejor historia como corredor– una historia que cada oportunidad que tengo de participar en carreras junto con él, “Mi ritual” toma más fuerza, porque se endulza con un fuerte y largo abrazo, uno que al final me deja por lo menos…

Un par de lágrimas corriendo sobre mi cara y es ahí cuando mentalmente me vuelvo a repetir…

¡Gracias a Dios por ser corredor!

Por leerme… mil kilómetros de gracias

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