Un paso más (María y sus Tenis Rotos, Capítulo XVII)


María y sus tenis rotos, novela de running con toques de ficción pero que nace de la realidad, después de saberse enferma su vida cambia y ahora tiene que correr para alcanzar la vida de los demás, pero irónicamente la suya se le va.


Final Capítulo XVI – María había despertado después de su intervención quirúrgica y su primera pregunta fue; ¿Cuándo podre correr? El Dr. Delgadillo y una psicóloga estaban listos para responder.

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Capítulo XVI: Despertar y no poder correr


El Dr. Delgadillo ahora le expuso a María todo lo que anteriormente le había dicho a familiares y amigos, conforme las palabras iban transcurriendo, el rostro de María iba dejando ver su enorme preocupación, el cáncer no sólo había modificado una parte de su cuerpo, sino también su vida.

Pero la parte más cruda llegó, la de plantear la total y absoluta restricción a toda actividad física. María era consciente del tipo de cáncer que la aquejaba y sobre todo del descanso que habría que guardar, pero la restricción cayó sobre su cabeza como un balde de agua helada.

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No sólo se trataba de participar en carreras populares, de romper marcas o ganar, era dejar de ver el mundo desde otra óptica, una que a veces te lleva de lo gris sin sabor, a los miles de dulces colores, no sólo era calzarse un par de zapatillas para correr, era transformar sus pensamientos y emociones a través de vivir miles de sensaciones.

María había comprendido que su vida tenía un destino, uno que la había convertido en una especie de heroína con un par de zapatillas, una que al correr tenía el don de transformar la vida de alguien más, cambiar su futuro, aunque el de ella estuviera cada vez más cerca de llegar a su meta.

La habitación se llenó de fugaces lágrimas por parte de algunos miembros de la familia, de Aurora su mejor amiga y hasta del duro Don Juanito.

Parecía que lo difícil ya había pasado, que las malas noticias ya habían transcurrido, pero en realidad no… en la habitación entró una enfermera, se detuvo unos cuantos paso delante de la puerta, desde ahí con una sonrisa inquietante saludó a María, no hubo palabras, sólo gesticulaciones, las cuales hicieron sentir un aire helado sobre el cuerpo de María.

maria.

La enfermera se abrió paso entre los asistentes de aquella habitación, llegó justo al lado de la cama de María, tomó su brazo, revisó su pulso y sutilmente le dijo al oído:

-Hola María soy tu amiga, me da gusto que todo haya salido bien porque así podemos seguir corriendo, y es por eso que vine a visitarte-

Se trataba una vez más de la hermosa mujer, de mirada profunda y de encanto blanco; María no lo podía creer, aunque sabía que ese momento se volvería a dar, nunca creyó que fuera justo después de su intervención quirúrgica. Los monitores que estaban conectados a María comenzaron a alterarse, con las pocas fuerzas que le quedaban intentó levantarse de la cama, inmediatamente el Dr. Delgadillo se acercó a ella:

-María ¿Qué sucede?-

-Doctor es ella, dígale que se marche-

-María de quién hablas-

-¡De esta enfermera, no quiero que me asista!-

-Debes calmarte, no hay ninguna enfermera, aún estás delicada y quizá los medicamentos y el paso de la anestesia están creando este tipo de cosas-

-¡No doctor, aquí está!-

Doña Natividad comenzó a inquietarse, rápidamente se acercó al lado de la cama de María, tomó su mano y mirándola a los ojos le dijo:

-Hija… todo estará bien, trata de calmarte-

Todos los presentes se tranquilizaron tras escuchar las palabras del Dr. Delgadillo, pero aún más, al ver la entrañable acción de Doña Natividad. Todos excepto Aurora, ella sabía perfectamente la historia que guardaba María, así que lo sucedido en aquella habitación reafirmaba su complicada situación, correr aunque no lo pueda hacer para cambiar la vida de alguien más.

María estaba confundida, quizá el nuevo encuentro con la mujer de mirada profunda y encanto blanco, como señaló el Dr. Delgadillo; se debió a los fármacos o al paso de la anestesia. Pero esa afirmación inmediatamente quedó de lado, María encontró justo al filo de la cama un pequeño papel el cual estaba cubierto por su sábana blanca, María lo tomó con delicadeza, su mente en ese momento le dijo que aquello no sería una casualidad, en aquel pequeño papel se señalaba una vez más lo que María tenía que hacer, algo que sin duda la llevaría a dar un paso más que la acercaba a su final.

María y sus tenis rotos 2

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