Una mejor versión de sí mismo (Naty Vélez)


Este es un espacio para que korridores de todos los países de habla hispana nos compartan su manera de sentir o vivir esta locura llamada correr.

Porque por más lejos que nos encontremos, corriendo nos conectamos.


Hola soy Natalia Vélez, de Medellín Colombia, corredora, psicóloga, bloguera oficial de la #maratondelasflores entrenando para mi primera maratón.

Todo comenzó un día con un; -¡Quiero el divorcio!- dijo Catalina al llegar al apartamento y descargar su maletas luego de su viaje decembrino.

Manuel no pudo decir nada. Su corazón se aceleró y comenzó a sudar. Sintió frío y sin moverse un centímetro, vio su cuerpo caer lentamente en el vacío. Sus ojos no encontraban nada más que una luz blanca y cegadora.

-¿Estás segura?- logró decir. No necesitó respuesta, el tono de voz de Catalina le indicaba que no había vuelta de hoja.

corredores discutiendo

Mucho se habla de los casos en que las mujeres se refugian en los gimnasios o en el deporte luego de un fracaso amoroso.  Se habla de cómo estas valientes mujeres logran salir adelante y fortalecerse no sólo física, si no emocionalmente. Pero… nada se habla de los hombres que viven fracasos amorosos y sufren en silencio. Y ésta es una de esas historias que tímidamente guardan los hombres.

Manuel es un hombre de 31 años que trabaja con sus padres en una empresa familiar de más de 50 años de trayectoria en su ciudad. Le gusta lo que hace, y aunque tiene una carga laboral pesada, disfruta aplicar los conocimientos adquiridos en la universidad, mientras aprende de la experiencia de sus padres y de lo que vive día a día.

Toda su vida fue una persona muy aplicada en sus estudios, pero jamás hizo deporte. Creció convencido de que los deportistas son brutos, así como los deportistas piensan que los intelectuales son a motrices. Y para terminar de completar, mide casi 1.90 mts de estatura y creyó en el falso prejuicio de que los altos son torpes con sus piernas y brazos.

“…Aunque las cosas han cambiado algo, todavía subyace en nuestros países la convicción de que los seres humanos se dividen en inteligentes y deportistas, que el desarrollo de la mente exige, o poco menos, el sacrificio del cuerpo (y viceversa).” Mario Vargas Llosa.

Al día siguiente de tan tediosa conversación, se levantó a las 4:30 de la mañana y se fue a caminar al parque más cercano a su casa.  Salió huyendo de ella.  No quería verla, no quería estar en el mismo espacio en que había escuchado su dulce voz decirle las palabras que jamás esperó.  Caminó más de una hora y lo mismo hizo al día siguiente.  Y el siguiente… Y el siguiente.  Un día vio un corredor y la furia que llevaba por dentro lo animó a imitarlo,   corrió casi una hora y lo mismo hizo al día siguiente.  Y el siguiente…  Y el siguiente.

Pronto descubrió que Catalina no lo perseguía cuando corría, tal vez porque el deporte no era del agrado de su futura exesposa. Jamás compartieron una salida a caminar o a montar bicicleta. En tres años viviendo en ese apartamento, ella jamás estuvo en ese parque. Así que el parque fue el refugio perfecto. Pronto fueron pasando los meses y el parque se le quedó pequeño. Necesitaba correr más. Una hora ya no era suficiente.

Su cuerpo le pedía más y al mismo ritmo constante en que corría, fue viendo como ella empacaba, se iba del apartamento y firmaban los papeles de divorcio. Todo pasó mientras el corría y corría. El dolor del corazón se le fue confundiendo con el de un corazón agitado por las palpitaciones. Corrió su primera media maratón y no se dio cuenta en que momento ella dejó de perseguirlo en todo momento.  Se cambió de apartamento.  Manuel corrió y corrió y ella no logró alcanzarlo jamás. Él se le esfumó de las manos; se le escabulló entre las calles y los semáforos. Ella quiso buscarlo, pero él ya estaba lejos: ya había encontrado una mejor versión de sí mismo.

el nuevo corredor

Corriendo, Manuel descubrió que podía dejarse llevar por su corazón y por sus piernas. Que era fuerte, seguro de sí y con una capacidad de sobreponerse a las adversidades que jamás se habría imaginado. También pasó algo inesperado y no buscado. Su cuerpo cambió: las piernas lucían musculosas y atléticas, el abdomen y los brazos ya no estaban flácidos y con un poco de entrenamiento de fuerza, sus 1.90 metros de estatura le mostraron en el espejo que estaba muy lejos de ese cuerpo torpe que siempre creyó tener.

Han pasado casi dos años desde esa noche en que Catalina llegó a pedirle el divorcio. Manuel ha corrido tantos kilómetros en estos dos años que la perdió de vista hace mucho tiempo. Él espera que algún día ella descubra una mejor versión de sí misma, mientras tanto sigue corriendo y preparándose para más medias maratones y pronto, su primera maratón.

Hoy vive feliz y tranquilo; satisfecho al ver que además de un intelectual, es un deportista. Pero no cualquier deportista.

-Manuel es un corredor-

Natalia VG – Gracias Korri por permitirme compartir esta historia. 

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KM.

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